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miércoles, 28 de noviembre de 2018

La sonda InSight dice «hola» y despierta en Marte

Después de una gran fiesta cuesta trabajo volver a la realidad. Que se lo digan al equipo de científicos e ingenieros de la NASA que ayer vivieron una jornada maratoniana e intensa para posar la sonda InSight sobre la superficie de Marte. Después del éxito total alcanzado ayer, y de las merecidas celebraciones, poco a poco han ido volviendo al trabajo Y, con ellos, el propio robot ya ha hecho sus deberes.
A las 05.30 de esta madrugada, el vetusto satélite marciano 2001 Mars Odissey recogió las tranquilizadoras señales emitidas por las antenas de la InSight y que indican que los paneles solares, que tenían que desplegarse 16 minutos después del aterrizaje, se han abierto y están recargando las baterías de la máquina. Además, el satélite ya ha fotografiado la zona de aterrizaje y está enviando los datos.
«El equipo de InSight puede descansar más fácilmente ahora que sabemos que los paneles solares están desplegados y recargando las baterías», dijo esta noche Tom Hoffman, director del proyecto en el Laboratorio de Propulsión a Chorro en Pasadena (California). «Ha sido un largo día para el equipo. Pero mañana –es decir, esta la tarde de este martes– comienza un excitante nuevo capítulo para InSight: las operaciones de superficie y el comienzo de la fase de despliegue de los instrumentos».
Resultado de imagen para InSight
Los ingenieros pueden respirar tranquilos ahora que el par de paneles solares de la sonda, cada uno de los cuales mide 2,2 metros de largo, están captando la lánguida luz solar que llega hasta Marte y que cargará las baterías hasta llegar a una potencia equiparable a la que necesita una batidora. Modesta pero suficiente para operar los instrumentos, incluso después de tormentas de polvo.

Próximos pasos

En los próximos días, despertará el brazo robótico de InSight. Este lleva acoplada una cámara con la que comenzará a examinar con gran detalle la porción de terreno marciano que queda bajo la sonda. A lo largo de semanas, los científicos tratarán de escoger el lugar más adecuado para colocar los instrumentos, lejos de la presencia de incordiosas piedras. Las primeras fotografías indican que no hay muchas rocas por los alrededores.
Una vez tomada la decisión, el brazo robótico cogerá el sismógrafo, un instrumento que se llama SEIS, y lo colocará en Tierra. Horas después, colocarán una protección frente al viento y la radiación sobre este. Más adelante, comenzarían las perforaciones con un taladro equipado con sensores de temperatura, y llamado HP3. Eso sí, todo este trabajo no finalizará hasta dentro de dos o tres meses.

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Mientras tanto, trabajará el instrumento español TWINS, una estación meteorológica que medirá presiones y vientos, y un magnetómetro. Ambos permitirán trazar con detalle una radiografía de Elisium Planitia, que será el hogar de Insight durante los dos años que durará la misión.

La importancia de TWINS, el instrumento español

Además, tal como explicó a ABC Alberto González-Fairén, científico del Centro de Astrobiología (CAB-CSIC) implicado en TWINS, este instrumento será crucial en las posteriores mediciones: «Los vientos en Marte pueden ser muy violentos, y aunque la atmósfera es muy fina y en ningún caso podrían llegar a desestabilizar un lander, sí que podrían provocar vibraciones significativas por ejemplo en los paneles solares. Estas vibraciones podrían ser interpretadas por el sismógrafo como indicios de martemotos. El cruce de los datos del sismógrafo con los que obtengamos con TWINS es por lo tanto esencial para la interpretación correcta de la información de InSight».
Durante los dos años de misión, InSight investigará el interior de Marte. Con el sismómetro detectará unos temblores conocidos como «martemotos», y que son el equivalente, mucho más débil, de los terremotos de nuestro planeta. La sonda medirá su frecuencia y sus peculiaridades y, con esa información, tratará de averiguar cómo es el interior de Marte, qué grosor tiene la corteza, cuál es el tamaño del manto y cómo es el núcleo.
Además, la sonda perforará entre tres y cinco metros del subsuelo marciano para medir las temperaturas. Con esa información, se deducirá cuánto se está enfriando y cómo es su estructura. Todo lo aprendido servirá para comprender la historia de planetas rocosos, como la Tierra. Dado que Marte carece de tectónica de placas, su estructura es un fósil con miles de millones de años de edad.
Aparte de la NASA, el proyecto InSight ha sido posible gracias al Centro Nacional de Estudios Espaciales de Francia (CNES), el Instituto de Física del Globo de París (IPGP), el Centro Aerospacial de Alemania (DLR), el Instituto Max Planck de Investigación del Sistema Solar en Alemania (MPS), el Instituto Tecnológico de Suiza (ETH), el Imperial College y la Universidad de Oxford (Reino Unido), el Centro de Investigación Espacial (CBK) de la Academia de Ciencias de y el Astronika de Polonia y el Centro de Astrobiología (CAB-CSIC), en España.
Todo este trabajo permitirá avanzar en el conocimiento del Sistema Solar y los exoplanetas, en el estudio de la geología de la Tierra y en la tecnología de satélites, naves espaciales, comunicaciones y materiales, entre otras cosas. También es un paso clave antes de enviar una misión tripulada a Marte.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Orión, la nave espacial con la que la NASA pretende volver a enviar al hombre a la Luna y conquistar Marte




Más de cuatro décadas después del último alunizaje, la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos (NASA, por sus siglas en inglés) se prepara para volver a enviar al hombre a la Luna… y más allá.
Orión, una nave diseñada en colaboración con la Agencia Espacial Europea, será el vehículo para el viaje "legendario" que pretende seguir el curso del cosmos hasta Marte y otros recónditos lugares del "espacio profundo".
Y, tras varios años de prueba, la cápsula recibió este viernes el último impulso que necesitaba para estar operativa: un módulo diseñado por Airbus que la dotará de electricidad, propulsión, control térmico, aire y agua.
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Es la primera vez que la NASA utiliza un dispositivo construido en Europacomo un elemento crítico para impulsar una nave espacial estadounidense que, de acuerdo con expertos, da cuenta de la "cooperación internacional en materia espacial", pero también de la magnitud del proyecto.
De acuerdo con la agencia espacial estadounidense, aunque en un inicio Orión realizará una misión no tripulada, el objetivo, además de llevar cosmonautas al espacio, es construir un puesto de avanzada más allá de la Luna que podría permitir expediciones a Marte.
Aunque aún no hay fechas exactas para la primera expedición tripulada, se cree que tendrá lugar a inicios de la década de 2020.
En criterio del jefe de la Agencia Espacial Europea, Jan Worner, se tratará de una "forma totalmente nueva" de viajar al espacio y un regreso "de nuevo tipo" a la Luna.
En caso de concretarse la expedición, Orión será la nave diseñada para transportar tripulantes que más lejos llegue desde que el hombre llegó al espacio hace más de medio siglo.
módulos

Orión, el cazador del espacio

El diseño, producción y pruebas de la nave con que la NASA pretende iniciar esta nueva era espacial han corrido un largo y accidentado camino.
La idea original surgió en 2011 como parte del Proyecto Constelación, una idea del gobierno de George W. Bush para llevar nuevamente al hombre a la Luna y que se suspendió por falta de presupuesto con la llegada al gobierno de Barack Obama.
No obstante, la NASA continuó el desarrollo de la cápsula.
Aunque el proyecto inicial pretendía que Orión llevara seis personas en sus misiones, el número se redujo finalmente a cuatro, y cedió la construcción de uno de sus dos módulos principales a la ESA (el que se recibió este viernes en Cabo Cañaveral).

Según la descripción de la NASA, el diseño de la cápsula de cinco metros de diámetro y 21 toneladas de peso toma elementos básicos del módulo de comando Apollo, las célebres naves de las misiones que llevaron a los astronautas a la Luna entre 1969 y 1972.
Sin embargo, la agencia espacial asegura que la tecnología y capacidad de Orión permitirá realizar misiones espaciales más avanzadas y de mayor duración.
Se estima que, con tripulación a bordo, puede viajar sin necesidad de nuevas provisiones hasta 21 días, mientras en estado de inactividad, puede mantener las condiciones de utilidad por otros 6 meses.
Durante ese último período, de acuerdo con la NASA, se prevé que el soporte de la vida útil de la tripulación sería proporcionado por otros módulos espaciales.

Nuevo diseño

Esta semana, la NASA probó también una de las características más revolucionarias que tendrá la nave: un módulo de descenso que combina paracaídas y retrocohetes o bolsas de aire para la recuperación de la cápsula cuando regrese a la Tierra.
nave
De acuerdo con la agencia este mecanismo, similar al utilizado por las cápsulas Soyuz rusa o la Shenzhou china, eliminará los costes de tener que utilizar una flota de barcos como sucedió antes en los vuelos del Proyecto Mercury, Gemini o Apollo.
Otra de sus características es que está diseñada para la reutilización parcial del módulo de tripulación, que podrá usarse por 10 vuelos, lo que abaratará costos y también permitirá construir una flota de estos dispositivos.
Para que la nave pueda también servir a la Estación Espacial, su diseño le permitirá acoplarse a otros vehículos de forma automática, aunque como medida de seguridad el piloto podrá tomar el mando y realizar la maniobra en caso de emergencias.

Una nueva era espacial

Desde 1972, cuando se realizó el último alunizaje, hasta fechas recientes, los viajes a la Luna o más allá perdieron interés.
Pero en los últimos años vez son más las iniciativas estatales y privadas que no solo anuncian un regreso al satélite, sino ambiciosos planes de colonización, la mayoría de ellos basados en el abaratamiento de las tecnologías y la fabricación de naves espaciales.
China, por ejemplo, planea alunizar en 2018, mientras que Rusia anunció que para 2031 pondrá una nave allí.

Mientras, muchas iniciativas privadas buscan actualmente un modelo de negocio espacial, que va desde explotar los minerales que hay en la Luna hasta vender trozos del satélite como piedras preciosas.
Y, al parecer, Estados Unidos no quiere quedarse atrás.
La agencia espacial estadounidense sostiene desde hace años que aún existen grandes razones para regresar a la Luna.
La NASA opina que una vuelta del hombre allí podría traer un mayor conocimiento de la ciencia lunar y permitir la aplicación de nuevas tecnologías en el terreno.