Mostrando entradas con la etiqueta ciencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ciencia. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de abril de 2019

Por primera vez en la Historia, tenemos una imagen de un agujero negro

Resultado de imagen para agujero negro
Ya ha llegado el momento y podemos ver la primera imagen de un agujero negro en la Historia. Los astrónomos han celebrado hoy seis ruedas de prensa (así lo hemos contado) para mostrar una mole gigantesca, salida de una pesadilla: una región oscura y desgajada del espacio-tiempo, tan pesada como 7.000 millones de soles, y situada en el corazón de la galaxia Messier 87: un agujero negro supermasivo situado a 55 millones de años luz de la Tierra. Está tan lejos que verlo es tan difícil como captar una naranja en la superficie de la Luna. Su aspecto, sin embargo, recuerda bastante al mágico ojo de Sauron. Los resultados de esta observación son una potente confirmación de la relatividad general de Einstein y un logro humano sin precedentes, en el que 200 científicos de varios países han trabajado codo con codo para desentrañar los misterios del Universo.
«Hemos expuesto una parte del Universo que nunca habíamos visto hasta ahora», ha dicho en Washington Sheperd Doeleman, presidente del Event Horizon Telescope (EHT), el consorcio internacional que ha llevado a cabo estos trabajos. «Hemos tomado la primera foto de un agujero negro. Es un logro científico extraordinario logrado por un equipo de 200 investigadores».
Hoy ha sido un día muy importante para la astronomía, y la expectación era mucha. Los agujeros negros son objetos cuya existencia no se pone en duda. Podemos ver sus efectos indirectos sobre estrellas, galaxias y nubes de gas, y son predichos por la relatividad general de Einstein. Sin embargo, nunca se había podido ver uno hasta ahora.

Alivio y alegría

Ahora, por fin se ha confirmado su existencia, de una vez por todas. «Estoy profundamente orgulloso de estos resultados», ha dicho Heino Falcke, otro de los líderes del proyecto del EHT. Sin embargo, también ha reconocido que todo el trabajo de análisis y combinación de los datos, que han llevado dos años, «han sido el período emocional más difícil de mi vida». Por eso no sorprende que Doeleman haya dicho que el equipo ha vivido con sorpresa, pero también alivio, la publicación de la foto.
Además de esta imagen, los resultados se han presentado en seis artículos científicos, publicados hoy Astrophysical Journal Letters, en los que ha participado 200 científicos de 60 instituciones.

Confirmando a Einstein

La imagen presentada hoy, entre aplausos y sonrisas, es una confirmación de lo predicho por las ecuaciones, y un espaldarazo a un fenómeno que el propio Einstein fue reacio a aceptar, cuando el alemán Karl Schwarzschild lo sugirió por primera vez en 1916. «Hoy, la ciencia ficción se ha hecho ciencia de hechos», ha dicho en Washington Avery Broverick, otro de las piezas claves en el EHT.
De hecho, tomar una imagen como la de hoy, marca el comienzo de una nueva era en la astrofísica en la que se comprobará de forma muy exquisita la validez de las ecuaciones de Einstein para la gravedad. «Ahora podemos contestar a estas preguntas», ha dicho Falcke. «Este se ha convertido en un campo experimental».
¿Por qué? Tal como ha destacado en este periódico Barry Barish, profesor en el Caltech y premio Nobel de Física en 2017 por la primera detección directa de las ondas gravitacionales, estas observaciones son relevantes para afianzar «el campo fuerte» de la gravedad: «Sabemos que la relatividad general de Einstein funciona muy bien en el límite del campo débil, incluso los GPS dependen de ello. Realmente, la pregunta es cuán bien funciona en el límite del campo fuerte, por ejemplo en lo relacionado con agujeros negros».
Por eso, probablemente la imagen del corazón de M87 se quedará en nuestra memoria durante mucho tiempo. «Creo que lo que estáis a punto de ver dejará una huella en los recuerdos de las personas», dijo France Córdova, presidenta de la National Science Foundation de Estados Unidos, minutos antes de que se publicara la imagen.

Sin noticias de Sagitario A*

Por desgracia, hoy no se ha podido ver la imagen de Sagitario A*, el agujero negro supermasivo del centro de la Vía Láctea que también fue observado por los telescopios. Los científicos han explicado que aún no se ha podido resolver la información para asegurarse de que no se obtienen conclusiones falsas, en gran parte porque este agujero es demasiado «activo». Harán falta más observaciones y análisis.
«Esto no es el final, esto es solamente el principio. Seguimos mejorando nuestras observaciones para sacar aún más detalles con los que entender mejor la física. El próximo año nos llevarán aún más cerca a nuestro objetivo final, que es buscar nuestro origen cósmico», han dicho los miembros del EHT en Chile.
Representación del corazón de la galaxia M87
La empresa ha sido fruto del trabajo de 200 investigadores. La primera parte de los trabajos tuvo lugar en abril de 2017, cuando los radiotelescopios observaron Sagitario A*, el agujero negro supermasivo del centro de nuestra galaxia, y el que se encuentra en el núcleo de la galaxia M87, durante cinco noches seguidas.

Una tarea titánica

Participaron ocho radio observatorios, situados en Hawái, Arizona, España, México, Chile y el polo Sur. Los científicos lograron sincronizar sus antenas y lo lograron por medio de revolucionarias técnicas de inteferometría (llamada «Very Long Baseline Interferometry» o VLBI), para sumar las áreas de sus detectores y conseguir las capacidades que tendría un telescopio tan grande como la Tierra. Según ha dicho Paul McNamara, astrofísico de la Agencia ESpacial Europea (ESA), solo esto es «un logro técnico excepcional».
Todos estos telescopios recogieron las ondas procedentes de ambos agujeros que tienen una longitud de onda de un milímetro, que es aquella radiación que puede atravesar los turbios centros de estas galaxias, poblados por polvo y gas. El reto fue enorme: ambos objetos están extremadamente lejos y tienen un tamaño relativamente pequeño. El núcleo de M87 está a 55 millones de años luz y tiene 40.000 millones de kilómetros de diámetro.
Las observaciones requirieron turnos de trabajo de hasta 18 horas diarias, y sufrieron un empujón definitivo gracias a la incorporación en el proyecto del observatorio ALMA «Atacama Large Millimeter/Submillimeter Array» (en Chile). Pero lo más difícil llegó con el análisis de la información recogida.
En total se captaron cinco petabytes de información, un volumen tan grande de datos, que los investigadores no pudieron subirlos a internet y tuvieron que compartirlos por medio de discos duros físicos. Este es el «peso» que tendrían las canciones en formato MP3 necesarias para estar sonando 8.000 años seguidos.
«Este logro tremendo es el resultado de nuestra comprensión de la relatividad general, de los agujeros negros y, técnicamente, de la interferometría de gran escala. Y también implica una colaboración planetaria», ha concluido Barry Barish, para hablar sobre la relevancia de lo logrado hasta hoy.
ABC/AFP

Cómo se puede interpretar la imagen?

En la imagen presentada hoy estamos viendo un objeto que en el cielo sería tan grande como una naranja puesta sobre la superficie de la Luna. Es el agujero negro supermasivo del centro de Messier 87 (se cree que la mayoría de las galaxias tienen estos objetos en su núcleo), una galaxia situada a 55 millones de años luz de la Tierra. Esta se caracteriza por tener un jets de energía y partículas, que mide 5.000 años luz de largo, emitido precisamente por este agujero negro.
Agujeros negros como el de M87 son pozos gravitatorios situados en el corazón de las galaxias, en regiones que en ocasiones están pobladas por nubes de polvo, gas y estrellas errantes, que a veces caen en su interior.
Estos pozos atraen esta materia hasta su centro, y la aceleran a altísimas velocidades. Generan discos de acreción, en los que la materia emite radiación y se magnetiza. En ocasiones, liberan increíbles chorros o jets de energía y partículas, en perpendicular a estos discos.
Lo que se ve en la imagen es la zona en la que esta materia es acelerada y cae al horizonte de sucesos del agujero. El centro, donde está el propio agujero, es más o menos tan grande como el Sistema Solar, y ahí se concentra una masa de 7.000 millones de soles.
Vemos un lado más brillante porque en ese punto la materia se mueve hacia el observador e incrementa su brillo gracias al efecto doppler (el que hace que la sirena de una ambulancia suene más aguda cuando se acerca hacia nosotros). En el otro punto, se ve más oscura precisamente por lo contrario.
La distorsión de tal acumulación de la gravedad en el espacio-tiempo le juega una mala pasada a nuestro sentido común. En la imagen no solo vemos la parte del disco de acreción que se orienta hacia nosotros. También vemos la parte posterior.
Ahora los científicos tienen el trabajo de observar en gran detalle la imagen y tratar de contrastarla con la relatividad de Einstein. Además, podrán estudiar cosas fundamentales sobre el comportamiento de los agujeros negros.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Orión, la nave espacial con la que la NASA pretende volver a enviar al hombre a la Luna y conquistar Marte




Más de cuatro décadas después del último alunizaje, la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos (NASA, por sus siglas en inglés) se prepara para volver a enviar al hombre a la Luna… y más allá.
Orión, una nave diseñada en colaboración con la Agencia Espacial Europea, será el vehículo para el viaje "legendario" que pretende seguir el curso del cosmos hasta Marte y otros recónditos lugares del "espacio profundo".
Y, tras varios años de prueba, la cápsula recibió este viernes el último impulso que necesitaba para estar operativa: un módulo diseñado por Airbus que la dotará de electricidad, propulsión, control térmico, aire y agua.
Imagen relacionada
Es la primera vez que la NASA utiliza un dispositivo construido en Europacomo un elemento crítico para impulsar una nave espacial estadounidense que, de acuerdo con expertos, da cuenta de la "cooperación internacional en materia espacial", pero también de la magnitud del proyecto.
De acuerdo con la agencia espacial estadounidense, aunque en un inicio Orión realizará una misión no tripulada, el objetivo, además de llevar cosmonautas al espacio, es construir un puesto de avanzada más allá de la Luna que podría permitir expediciones a Marte.
Aunque aún no hay fechas exactas para la primera expedición tripulada, se cree que tendrá lugar a inicios de la década de 2020.
En criterio del jefe de la Agencia Espacial Europea, Jan Worner, se tratará de una "forma totalmente nueva" de viajar al espacio y un regreso "de nuevo tipo" a la Luna.
En caso de concretarse la expedición, Orión será la nave diseñada para transportar tripulantes que más lejos llegue desde que el hombre llegó al espacio hace más de medio siglo.
módulos

Orión, el cazador del espacio

El diseño, producción y pruebas de la nave con que la NASA pretende iniciar esta nueva era espacial han corrido un largo y accidentado camino.
La idea original surgió en 2011 como parte del Proyecto Constelación, una idea del gobierno de George W. Bush para llevar nuevamente al hombre a la Luna y que se suspendió por falta de presupuesto con la llegada al gobierno de Barack Obama.
No obstante, la NASA continuó el desarrollo de la cápsula.
Aunque el proyecto inicial pretendía que Orión llevara seis personas en sus misiones, el número se redujo finalmente a cuatro, y cedió la construcción de uno de sus dos módulos principales a la ESA (el que se recibió este viernes en Cabo Cañaveral).

Según la descripción de la NASA, el diseño de la cápsula de cinco metros de diámetro y 21 toneladas de peso toma elementos básicos del módulo de comando Apollo, las célebres naves de las misiones que llevaron a los astronautas a la Luna entre 1969 y 1972.
Sin embargo, la agencia espacial asegura que la tecnología y capacidad de Orión permitirá realizar misiones espaciales más avanzadas y de mayor duración.
Se estima que, con tripulación a bordo, puede viajar sin necesidad de nuevas provisiones hasta 21 días, mientras en estado de inactividad, puede mantener las condiciones de utilidad por otros 6 meses.
Durante ese último período, de acuerdo con la NASA, se prevé que el soporte de la vida útil de la tripulación sería proporcionado por otros módulos espaciales.

Nuevo diseño

Esta semana, la NASA probó también una de las características más revolucionarias que tendrá la nave: un módulo de descenso que combina paracaídas y retrocohetes o bolsas de aire para la recuperación de la cápsula cuando regrese a la Tierra.
nave
De acuerdo con la agencia este mecanismo, similar al utilizado por las cápsulas Soyuz rusa o la Shenzhou china, eliminará los costes de tener que utilizar una flota de barcos como sucedió antes en los vuelos del Proyecto Mercury, Gemini o Apollo.
Otra de sus características es que está diseñada para la reutilización parcial del módulo de tripulación, que podrá usarse por 10 vuelos, lo que abaratará costos y también permitirá construir una flota de estos dispositivos.
Para que la nave pueda también servir a la Estación Espacial, su diseño le permitirá acoplarse a otros vehículos de forma automática, aunque como medida de seguridad el piloto podrá tomar el mando y realizar la maniobra en caso de emergencias.

Una nueva era espacial

Desde 1972, cuando se realizó el último alunizaje, hasta fechas recientes, los viajes a la Luna o más allá perdieron interés.
Pero en los últimos años vez son más las iniciativas estatales y privadas que no solo anuncian un regreso al satélite, sino ambiciosos planes de colonización, la mayoría de ellos basados en el abaratamiento de las tecnologías y la fabricación de naves espaciales.
China, por ejemplo, planea alunizar en 2018, mientras que Rusia anunció que para 2031 pondrá una nave allí.

Mientras, muchas iniciativas privadas buscan actualmente un modelo de negocio espacial, que va desde explotar los minerales que hay en la Luna hasta vender trozos del satélite como piedras preciosas.
Y, al parecer, Estados Unidos no quiere quedarse atrás.
La agencia espacial estadounidense sostiene desde hace años que aún existen grandes razones para regresar a la Luna.
La NASA opina que una vuelta del hombre allí podría traer un mayor conocimiento de la ciencia lunar y permitir la aplicación de nuevas tecnologías en el terreno.